Una infección tras una extracción dental es la complicación que aparece cuando la herida del diente no cicatriza con normalidad y la zona se inflama o se sobreinfecta, casi siempre entre el segundo y el cuarto día. Suele avisar con un dolor que va a más, mal sabor de boca y, en algunos casos, hinchazón o fiebre. Lo importante es que distinguirla del malestar normal es más fácil de lo que parece.
Sí, dentro de un orden. Tras una exodoncia es habitual notar dolor, algo de hinchazón en la mejilla, sensibilidad al abrir la boca y un sangrado leve las primeras horas. Todo esto forma parte de la cicatrización y suele alcanzar su punto máximo el primer o segundo día.
La regla que damos en consulta para orientarse en casa es sencilla, fíjate en la dirección del dolor, no solo en su intensidad. Una herida que va bien duele un poco menos cada día, aunque la mejoría sea lenta. El problema empieza cuando el dolor remite los dos primeros días y luego vuelve con fuerza, o cuando nunca llega a calmarse pese al analgésico.
Ese cambio de tendencia es la pista más fiable. No tienes que adivinar nada raro ni interpretar síntomas complicados, si cada mañana te encuentras igual o peor que la anterior a partir del tercer día, algo no está cerrando como debería. Si, en cambio, notas que vas a mejor poco a poco, lo más probable es que solo necesites paciencia.
Al sacar un diente, el hueco que queda (el alvéolo) se rellena con un coágulo de sangre que protege el hueso mientras se forma tejido nuevo. A partir de ahí pueden pasar tres cosas:
El matiz importa por un motivo práctico. La alveolitis seca no se resuelve a base de antibióticos, mientras que una infección bacteriana sí puede necesitarlos. Por eso automedicarse rara vez ayuda, y por eso quien valore la herida debe identificar de cuál de los tres casos se trata.
Es la pregunta que casi todo el mundo tiene en la cabeza y que pocos dentitas responden con claridad, así que vamos directos. En la gran mayoría de los casos, no. Una alveolitis o una infección leve de la herida es muy molesta, pero se controla bien con el tratamiento adecuado y no deja secuelas. Lo que más pesa no es la gravedad del cuadro, sino el tiempo que se tarda en tratarlo.
Dicho esto, hay un escenario poco frecuente que sí conviene reconocer: cuando la infección empieza a extenderse más allá de la boca. Las señales de que eso podría estar pasando son una hinchazón que crece deprisa hacia la mejilla, el cuello o el ojo, fiebre alta, o dificultad para tragar o abrir la boca. Si aparece algo así, no es momento de esperar a una cita, hay que acudir a un servicio de urgencias. No es lo habitual, pero saber dónde está el límite te da tranquilidad para todo lo demás.
La mayoría de las complicaciones avisan, y suelen hacerlo entre el segundo y el cuarto día. Este es el resumen para identificarlas sin darle más vueltas:
No hace falta que se den todas a la vez. El dolor que vuelve con fuerza, por sí solo, ya justifica una consulta.
Casi todas las complicaciones nacen del mismo punto: el coágulo que no se mantiene en su sitio. Según la información clínica que recoge el Consejo General de Dentistas de España, este tipo de problema aparece en torno al 3-5 % de las extracciones y es bastante más probable en las muelas del juicio inferiores, donde la cirugía suele ser más compleja.
En consulta vemos que el coágulo se pierde sobre todo por hábitos de los primeros días, más que por mala suerte. Estos son los factores que más aumentan el riesgo:
Conocerlos no es para alarmarse, sino para saber qué tienes en tu mano durante esos días clave.
Es otra de las dudas más frecuentes, y la respuesta tranquiliza. Una alveolitis suele empezar a mejorar a los pocos días de la primera cura y el malestar desaparece, por lo general, en torno a una o dos semanas.
Para que te sitúes, esta es la evolución habitual de una extracción sin complicaciones:
Si pasada una semana sigues con dolor en aumento, no es la evolución esperada y conviene revisarlo.
La regla práctica es la misma con la que abríamos, si el dolor empeora en lugar de mejorar, si hay fiebre o si notas mal olor y mal aspecto en la zona, lo razonable es llamar sin esperar a la revisión. Cuanto antes se valora, antes se alivia y menos se prolonga la molestia.
La ventaja de tratarse en una clínica con cirujano oral propio es que quien atiende la complicación conoce cómo fue tu extracción y puede actuar sobre la herida en la misma visita, sin derivaciones ni esperas. Si tienes dudas sobre cómo está cicatrizando o quieres que un especialista revise la zona, puedes informarte sobre nuestro servicio de cirugía oral en Sevilla o llamarnos directamente. Resolver una molestia a tiempo siempre es más sencillo, y para eso estamos.
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